En Manhattan sólo hay sitio para uno
Por
Sergio Vargas
El trailer de dos minutos
que se podía ver desde el verano en cines de todo el mundo resultó
ser una maniobra comercial muy efectiva. J. J. Abrams, productor del
filme y de las series Alias y Perdidos entre otras, siempre
ha sabido cómo crear expectación. En esta ocasión: Una fiesta de
despedida, un video casero registrando el evento para que el homenajeado
guarde un recuerdo de sus amigos en el lejano oriente, y ese ambiente
distendido se ve bruscamente interrumpido. Nueva York es atacada a lo
grande. ¿Terroristas? ¿Extraterrestres? ¿El comienzo de una guerra?
Algo grande, teniendo en cuenta que lo que sea (o quien sea) manda bien
lejos la cabeza de la estatua de la libertad (reconocido homenaje al
cartel original de la película de John Carpenter 1997: Rescate en
Nueva York).
Una vez resuelto el enigma
(no tardó mucho en correr la voz de que se trataba de un monstruo)
lo que restaba era ver si nos encontrábamos con otro Godzilla
o con alguna novedad agradable tipo The Host. Y aunque se acerque
más a lo primero, no resulta ni una cosa ni otra. Propuesta como una
nueva muestra de esa telerrealidad que inauguró El proyecto de la
bruja de Blair y que proyectos como Rec
y El diario de los muertos están devolviendo a la palestra,
Monstruoso comienza utilizando la secuencia de la fiesta para describir
a los protagonistas y sus conflictos, y en el momento en que todo apunta
a una tragicomedia de personajes
(lástima que la campaña publicitaria nos hubiese contado algo distinto),
llega el giro y nos vemos inmersos en la pesadilla de los protagonistas,
en clave de cine de acción con breves destellos de suspense derivado
en terror como la excelente secuencia que transcurre en los túneles
del metro, o la del improvisado hospital de campaña.
El guión de Drew Goddard
no se restringe al claustrofóbico (incluso en espacios abiertos) recorrido
del protagonista y sus compañeros en busca de la chica, sino que se
saca un truco de la manga muy bien aprovechado, y que consiste en intercalar
las imágenes del día posterior a su noche juntos y que la grabación
en vivo de la catástrofe está borrando casi por completo, algo que
nos distancia en intervalos breves, pero periódica y bruscamente de
la situación de tensión pero a la vez nos acerca más al conflicto
del protagonista y a la comprensión de su comportamiento.
A pesar de que toda la
película está rodada cámara en mano, no resulta desde luego comparable
a Rec por una razón muy simple. En la película de Balagueró
y Plaza esta herramienta es empleada como una vía para comunicar el
terror al espectador gracias a largos y concienzudamente elaborados
planos secuencia que transmiten esa sensación precisamente gracias
a una mínima utilización del montaje, algo que aquí sin embargo se
pierde, al estar la película salpicada por continuos cortes que restan
gran parte de la autenticidad buscada. No obstante, los ochenta y cinco
minutos de Monstruoso no dejan de verse con agrado, como un lúdico
e inteligente entretenimiento que únicamente conecta con los parámetros
del cine de monstruos-catástrofes de Hollywood en su espectacularidad,
resultando por lo demás bastante ajeno. Además de la ausencia de explicaciones
y del hecho de que el imposible (en términos de anatomía comparativa)
monstruo solo se muestra claramente en los últimos minutos, atentos
al desenlace y a su doble vertiente, diferente pero a la vez parecido
al de la reciente y muy interesante Expiación.
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