Ficha técnica

 


La mandolina del capitán Corelli

El melodrama preciosista

Por José Antonio Díaz

....Y Penélope Cruz dejó de hacer de mujer florero en Hollywood. Han tenido que pasar tres películas en la meca del cine comercial (Hi_Lo Country, Todos los caballos bellos y Blow), para que Penélope Cruz consiga su primer papel con un mínimo de entidad, que aquí pasa a ser directamente el de co-protagonista con una estrella de aquel planeta (Nicholas Cage).

Y muy en la línea de su inmediato predecesor patrio por aquellos lares, Antonio Banderas, el vehículo elegido (o el que la ha elegido a ella, probablemente sería más correcto decir), La mandolina del capitán Corelli es un producto de sabor indisimuladamente comercial, el segundo largometraje en pantalla grande del director de la reciente triunfadora de los Óscars Shakespeare in love, el inglés John Madden.

Madden no pretende descubrir las fuentes del Nilo, sino simplemente poner en imágenes un best-seller de título homónimo firmado el británico Louis Berniéres que al parecer está haciendo furor por las tierras de Su Majestad, para lo que se ha puesto al tajo una ingente producción internacional en la que, junto a dos grandes estudios estadounidenses (entre ellos, Miramax, el que levantó el anterior proyecto de Madden), han colaborado productoras del país original de la novela y hasta de la cinematográficamente elitista Francia.

Como Shakespeare in love, La mandolina del capitán Corelli no sólo cuenta una historia de amor (en este caso, en tiempo de guerra), sino que contiene en su metraje dos géneros distintos, ofrecidos no simultáneamente, sino de forma sucesiva: primero la comedia y, después, el melodrama, aunque ésta, a diferencia de la oscarizada, divide al 50% su reparto en el metraje.

No consiguiendo ser ni una comedia brillante, ni un melodrama sentido, quedan al desnudo el esquematismo de unos personajes caracterizados a base de estereotipos y un entorno edulcorado a base de imágenes preciosistas, lo que se traslada a la acción, que resulta así teatral, como de carton piedra, pese a la evidente contradicción de estar ubicada en los luminosos exteriores de una isla griega.

Sin embargo, y como en Shakespeare in love, un impecable trabajo de ambientación, algunos buenos diálogos cómicos y, a falta de otra cosa de mayor entidad, el indudable buen gusto que preside el conjunto, que, pese a tener todas las papeletas para hacerlo, no cae en el ridículo en ningún momento, contribuyen por lo menos a hacer la función agradable, demostrando con ello John Madden la equivocación de atribuir las virtudes (pocas o muchas) de su anterior cinta a su guionista de entonces, el dramaturgo inglés Tom Stoppard, que no repite con él ahora.

Por su parte, Nicholas Cage, ese actor al que algunos despistados han querido elevar al altar del cine independiente, demuestra lo mejor que sabe hacer, que es dotar de una especial humanidad, rayana en la vulnerabilidad, a sus personajes, añadiendo al del capitán Corelli la cualidad de la comicidad, lo que lo saca de los estrechos límites del estereotipo a que el guión lo destinaba y, de paso, le da un poco de vida a una historia que apenas la tiene.

   

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